El torneo encuentra al equipo que resuelve seis noches distintas.
March Madness no es una prueba perfecta de calidad. Es una prueba brutal de adaptación sin tiempo para corregir.

March Madness no es una prueba perfecta de calidad. Es una prueba brutal de adaptación sin tiempo para corregir.
El torneo nacional no siempre corona al equipo que jugó mejor durante cinco meses. Corona al que puede resolver seis partidos con rivales, ritmos y problemas diferentes.
Esa aparente injusticia es parte de su valor. Una plantilla construida para dominar una conferencia puede encontrarse con tamaño inesperado, una zona incómoda o un guard que convierte cada final en una moneda al aire.
La profundidad ayuda, pero la flexibilidad decide. Los equipos más peligrosos tienen más de una manera de iniciar su ofensiva, pueden defender sin depender de una sola cobertura y no pierden claridad cuando el partido se vuelve feo.